Adoración Eucarística
Horario de adoración al Santísimo en Parroquia de Santa Mónica. «Venid a mí todos los que estáis cansados» (Mt 11,28).
Jueves
- 19:00–20:00AdoraciónParroquia
- 20:30–21:30AdoraciónParroquia· Adoración con Hakuna (jóvenes)
¿Por qué adorar?
En la Eucaristía está Jesús vivo y verdadero. Adorar es, sencillamente, estar con Él.
«Entre todas las devociones, la adoración de Jesús Sacramentado es la primera después de los sacramentos, la más querida por Dios y la más útil para nosotros. Un cuarto de hora ante el Santísimo vale más que todos los tesoros del mundo.»
«La hora que pasamos cada día en adoración ante el Santísimo Sacramento es lo mejor de nuestro día. Cada uno de nosotros crece en fe adorando a Jesús en la Eucaristía. Si le miráis, sabréis amar; y de esa mirada nacerá el servicio a los pobres.»
A cuantos comulguen los primeros viernes de nueve meses seguidos, les concederé la gracia de la penitencia final; no morirán en desgracia mía ni sin recibir los sacramentos, y mi Corazón será su seguro refugio en aquella última hora.
Promesa del Sagrado Corazón a santa Margarita María de Alacoque (gran promesa, 12.ª)
Cómo hacer tu hora de adoración
Una guía sencilla para rezar a solas ante el Santísimo. No hay que saber nada: basta querer estar con Él.
- 1Ponte en su presencia. Al llegar, haz una genuflexión y quédate ante Jesús como quien va a estar con un amigo. Respira, deja fuera las prisas: no vienes a hacer, vienes a estar.
- 2Adora y cree. Dile con fe: «Señor mío y Dios mío. Creo que estás aquí, vivo y verdadero. Te adoro, espero en Ti y te amo.»
- 3Escucha una palabra. Lee despacio un trozo del Evangelio (por ejemplo Mt 11, 28 o Juan 6) y quédate con la frase que más te toque, sin prisa por seguir.
- 4Habla con confianza… y calla. Cuéntale tu vida tal cual: lo que te alegra, lo que te pesa, lo que temes. Y sobre todo, calla y déjate mirar. Como decía el Cura de Ars: «Yo le miro y Él me mira».
- 5Pide perdón. Reconoce con sencillez en qué has fallado y pídele perdón. Su Corazón es un refugio, no un tribunal.
- 6Da gracias e intercede. Da gracias por lo recibido y preséntale a las personas que quieres: los enfermos, tu familia, los que sufren, los difuntos.
- 7Termina con María. Encomienda la hora a la Virgen con un Avemaría y llévate una jaculatoria para repetir durante el día.
Cuando no puedes acercarte al Sagrario
Comunión espiritual
«Jesús mío, creo que estás realmente presente en el Santísimo Sacramento. Te amo sobre todas las cosas y deseo recibirte en mi alma. Ya que ahora no puedo recibirte sacramentalmente, ven al menos espiritualmente a mi corazón. Como si ya te recibiera, te abrazo y me uno del todo a Ti; no permitas que jamás me separe de Ti. Amén.»
San Alfonso María de Ligorio
Jaculatorias para el día
- •«Alabado sea el Santísimo Sacramento del altar.»
- •«Señor mío y Dios mío.»
- •«Quédate con nosotros, Señor.»
Por una necesidad grave
Cuando pidas por algo serio, reza este acto de abandono en Jesús: no te angusties, confía y déjale hacer.
«¡Oh Jesús, me abandono en Ti: ocúpate Tú de ello!»
No quiero angustiarme, Dios mío: ¡confío en Ti!
Jesús al alma:
¿Por qué os confundís, angustiándoos? Dejad a mí la gestión de vuestros asuntos y todo se calmará. En verdad os digo que cada acto de verdadero, ciego y completo abandono en mí, produce el efecto que deseáis y resuelve los problemas más espinosos.
Abandonarse en mí no significa atormentarse, alterarse o desesperarse, dirigiéndome luego una oración llena de inquietud para que yo os siga a vosotros y cambie así la inquietud en la oración. Abandonarse significa cerrar plácidamente los ojos del alma, apartar el pensamiento de la tribulación y confiarse a mí para que sólo yo obre, diciéndome: «ocúpate Tú de ello». La preocupación, la turbación, el querer pensar en las consecuencias de un hecho son cosas contrarias al abandono.
Es como la confusión que traen los niños que pretenden que la mamá piense en sus necesidades, pero quieren también resolverlas por sí solos, y así obstaculizan, con sus ideas y sus fijaciones infantiles, su trabajo.
Cerrad los ojos y dejaos llevar por la corriente de mi gracia; cerrad los ojos y no penséis más que en el momento presente, alejándoos del pensamiento del futuro como de una tentación; reposad en mí creyendo en mi bondad, y os juro por mi amor que, diciéndome con estas disposiciones «ocúpate Tú de ello», yo lo haré por entero, os consolaré, os libraré, os guiaré.
Y cuando tenga que llevaros por un camino diferente del que veis vosotros, yo os adiestraré, os llevaré en mis brazos, haré que os encontréis en la otra orilla, como niños dormidos en los brazos maternos. Lo que os turba y os hace un daño inmenso son vuestros razonamientos, vuestras preocupaciones, vuestros afanes, y el querer a toda costa ser vosotros quienes remediéis aquello que os aflige.
¡Cuántas cosas realizo cuando el alma, tanto en sus necesidades espirituales como en las materiales, se vuelve a mí, me mira y, diciéndome «ocúpate Tú de ello», cierra los ojos y reposa! Obtenéis pocas gracias cuando os atormentáis por producirlas; en cambio, tenéis muchísimas cuando la oración es un encomendarse plenamente a mí. En el dolor oráis para que yo obre, pero para que obre como creéis que debo obrar… No os dirigís a mí, sino que queréis que yo me adapte a vuestras ideas; no sois enfermos que piden al médico que les cure, sino que le sugerís la cura. No obréis así, sino orad como os he enseñado en el Padrenuestro:
- Santificado sea tu nombre: sé glorificado en esta necesidad mía.
- Venga a nosotros tu reino: que todo contribuya a tu reinado en nosotros y en el mundo.
- Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo: dispón Tú, en esta necesidad, como mejor te parezca para nuestra vida temporal y eterna.
Si me decís de verdad «hágase tu voluntad» —que es lo mismo que decir «ocúpate Tú de ello»—, yo intervendré con toda mi omnipotencia y venceré las mayores dificultades. ¿Ves que la enfermedad apremia en vez de menguar? No te turbes: cierra los ojos y dime con confianza: «hágase tu voluntad, ocúpate Tú de ello».
Te digo que así lo haré, que intervendré como médico y que hasta obraré un milagro cuando fuere menester. ¿Ves que el enfermo empeora? No te desanimes: cierra los ojos y di: «ocúpate Tú de ello». Yo me ocuparé, y no hay medicina más poderosa que una intervención mía de amor. Pero me ocuparé de ello sólo cuando cerréis los ojos.
No descansáis nunca; queréis valorarlo todo, escudriñarlo todo, pensar en todo, y os abandonáis así a las fuerzas humanas, o peor, a los hombres, confiando en su intervención. Es esto lo que obstaculiza mis palabras y mis designios. ¡Oh, cómo deseo vuestro abandono para beneficiaros, y cuánto me aflijo al veros turbados! Satanás pretende precisamente esto: turbaros para apartaros de mi acción y arrojaros a merced de las iniciativas humanas.
Confiad, pues, sólo en mí; reposad en mí; abandonaos a mí en todo. Yo obro milagros en proporción del pleno abandono en mí y de la ausencia de preocupaciones vuestras. ¡Derramo tesoros de gracia cuando os halláis en la plena pobreza! Ningún razonador ha hecho milagros, ni siquiera entre los santos: obra divinamente quien se abandona a Dios.
Cuando veas que las cosas se complican, di con los ojos del alma cerrados: «Jesús, ocúpate Tú de ello». Haz así en todas tus necesidades; obrad así todos y veréis grandes, continuos y silenciosos milagros. Os lo juro por mi amor: yo me ocuparé de ello.
Rogad siempre con esta disposición de abandono y tendréis gran paz y grandes frutos. Mil plegarias no valen lo que un solo acto de abandono: recordadlo bien. No hay novena más eficaz que esta: «¡Oh Jesús, me abandono en Ti, ocúpate Tú de ello!».
Atribuido al Siervo de Dios Don Dolindo Ruotolo
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